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El fantasma del apego

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Una idea común en la vida religiosa es que el apego es algo que siempre se debe evitar. Se piensa que apegarnos a las personas, a las cosas, es algo que, en sí mismo, es negativo para la vida espiritual. Esta idea, si bien no es del todo equivocada, se puede malinterpretar o deformar, generando que las personas tengan muchas dificultades para establecer vínculos profundos, provocando aislamiento y vacío emocional.

 

Lo primero que habrá que aclarar es a qué nos referimos cuando hablamos de apego, pues existen distintas maneras de interpretarlo. Una de las interpretaciones más comunes en el ámbito religioso es la de entenderlo como una dependencia excesiva hacia algo o alguien. Esto evidentemente es una amenaza para la vida espiritual, pues lo que se busca es que la persona sea más libre para amar más a Dios sobre todas las cosas.

 

Es una manera de interpretar el apego que generalmente se acompaña de alguna de estas ideas:

El apego siempre es malo.

Es igual a dependencia.

Es incompatible con el celibato.

Impide el crecimiento espiritual.

Siempre tiene tintes románticos.

Esta postura ante el apego, en ocasiones, cuando se interpreta de una manera rígida y además se desconoce la dinámica afectiva-sexual de la persona, puede generar deformaciones y dificultad para establecer vínculos o represión de emociones relacionadas con dichos vínculos. Así, el apego se vuelve una amenaza que constriñe la afectividad.

 

En el aspecto psicológico, sin embargo, el apego es parte de la vida humana, de hecho, gracias al apego, hemos podido sobrevivir a lo largo de nuestra historia. Una conducta de apego es aquella que tiene una persona para recibir apoyo, seguridad o simplemente el afecto de otra. Las conductas de apego en los niños son muy evidentes, por ejemplo, cuando su madre se va; una conducta común es el llanto y precisamente el llanto es lo que nos hace ver que hay un vínculo madre-hijo.

 

De acuerdo con lo analizado, podemos afirmar que el apego forma parte de las relaciones interpersonales. Lo natural es que nuestra convivencia con los demás, derive en el apego, en el sentirnos necesitados o encariñados de otras personas. Si es natural, ¿cuándo el apego puede volverse una amenaza tanto para la psique y/o para el espíritu?

 

El tener un apego con alguien, nos permite establecer vínculos, sin embargo, en ocasiones en nuestra historia hay ciertas experiencias que nos generan inseguridad y es ahí en donde la relación con otras personas puede ser demasiado dependiente o, en el otro extremo, recurrimos al aislamiento.

 

El apego, como hemos visto, forma parte de la dinámica afectiva, el problema o la dificultad radica en la manera en cómo se está viviendo ese apego. Es decir, yo puedo tener un apego con alguien, pero mi manera de vivir ese apego es insana. Entonces, la cuestión es cómo estoy viviendo ese apego y lo que significa para mí. En los siguientes artículos profundizaremos en ello.

 

Fuente: Almas.mx


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