Formación

La Transfiguración: Un destello de gloria en el camino de la Cruz

Después de anunciar Su Pasión, Jesús manifiesta Su divinidad para fortalecer la fe de los discípulos, revelando que el camino del Calvario culmina en la luz de la Resurrección.

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En este segundo domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a subir con Jesús a una alta montaña (cf. Mt 17,1-9). La Transfiguración constituye una “pausa estratégica” en el camino hacia Jerusalén, revelando la gloria del Señor como sustento frente al escándalo de la cruz. Después de anunciar Su Pasión, Jesús manifiesta Su divinidad para fortalecer la fe de los discípulos, revelando que el camino del Calvario culmina en la luz de la Resurrección.

Para ayudarle a orar con este Evangelio, presentamos a continuación los cinco puntos que meditamos en el podcast (https://www.youtube.com/watch?v=WUbYNyDDtx0), que puede ver para profundizar su reflexión seleccionando los subtítulos en su idioma.

  1. Pedro, Santiago y Juan

Jesús elige a tres discípulos, a los que Él quiso, para subir al monte: Pedro, Santiago y Juan (cf. Mt 17,1). Esta elección destaca un grupo más íntimo, los mismos que serían testigos de la resurrección de la hija de Jairo (cf. Mc 5,21-43) y de la agonía en Getsemaní (cf. Mc 14,32-33). Al llevarlos “aparte”, el Señor prepara a los testigos de Su gloria para que puedan soportar la visión de Su humillación. La subida al monte exige este movimiento de retiro y elevación para contemplar el misterio de Dios. El Señor elige a cada discípulo según Sus designios de amor y para una misión única.

  1. Moisés y Elías

En lo alto del monte aparecen Moisés y Elías conversando con Jesús (cf. Mt 17,3). Moisés representa la Ley y Elías representa a los Profetas. Su presencia manifiesta a Jesús como el cumplimiento pleno de toda la historia de la salvación y de las promesas hechas a Israel. El diálogo entre ellos (no relatado por san Mateo) se refiere al “éxodo” de Jesús (cf. Lc 9,31) — Su Pascua en Jerusalén — y confirma que toda la Escritura converge hacia el misterio de la cruz y la victoria sobre la muerte. Todo el Antiguo Testamento es profecía que apunta a Jesús.

  1. La nube luminosa

Mientras Pedro aún hablaba, deseando hacer tres tiendas para ellos, una nube luminosa los cubrió con su sombra (cf. Mt 17,5). En la tradición bíblica, la nube (la Shekhinah) señala la presencia gloriosa de Dios y aquí puede verse especialmente una imagen del Espíritu Santo. A diferencia de las nubes comunes que traen oscuridad, esta es luminosa, pues manifiesta la gloria divina que envuelve a Jesús y a los discípulos. Este momento de teofanía sumerge al hombre en el misterio de Dios, donde la luz de Cristo disipa las tinieblas de la duda y del miedo.

  1. La voz del Padre

Desde el interior de la nube se oye la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. ¡Escuchadlo!” (Mt 17,5). Esta declaración confirma la identidad mesiánica de Jesús y nos da una orden indispensable: Escuchadlo. En el tiempo de Cuaresma, la escucha de la Palabra de Jesús se convierte en nuestra brújula. Escuchar al Hijo significa acoger Su voluntad y seguir Sus pasos, reconociendo en Él la Palabra definitiva de Dios para nosotros. Con la nube luminosa y la voz del Padre que se dirige a Jesús, el Hijo, se completa la manifestación de la Trinidad.

  1. El sobresalto, el miedo y el secreto

Al oír la voz, los discípulos se asustaron mucho y cayeron rostro en tierra (cf. Mt 17,6). La primera reacción fue el sobresalto y luego tuvieron miedo; por eso Jesús se acercó, los tocó y les dijo: “Levantaos y no tengáis miedo” (Mt 17,7). El Señor los tranquiliza, como también a nosotros cuando recurrimos a Él. Al bajar del monte, el Señor ordenó a los tres que no contaran a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Este silencio fue necesario por un tiempo, porque aquella manifestación gloriosa solo podía ser plenamente comprendida a la luz de la Cruz y de la Resurrección.

Pasos de la Lectio Divina

  1. Lectura (lectio): Lea pausadamente Mateo 17,1-9. Identifique los cinco momentos destacados: la elección de los discípulos, la aparición de Moisés y Elías, la nube luminosa, la voz del Padre y la reacción final de los apóstoles.
  2. Meditación (meditatio): Jesús me llama a un “lugar aparte” en esta Cuaresma. ¿He buscado momentos de silencio para escucharlo? La voz del Padre me pide: “Escuchadlo” — ¿qué área de mi vida aún se resiste a escuchar la Palabra de Jesús?
  3. Oración (oratio): Rece, por ejemplo, así: “Señor Jesús, Luz del mundo, toca mi corazón como tocaste a los discípulos. Aparta de mí todo miedo y concédeme la gracia de escucharte con fidelidad. Que la visión de Tu gloria me sostenga en todos los momentos de prueba…” (continúe su oración según el Espíritu le inspire).
  4. Contemplación (contemplatio): Contemple la figura de Jesús transfigurado. Adore al Hijo amado del Padre y deje que la luz de Su presencia penetre su alma, trayendo paz y renovando su esperanza.
  5. Acción (actio): Esta semana, ejercite la “escucha” de manera concreta: dedique más tiempo a la lectura del Evangelio y procure actuar conforme a lo que el Señor le inspire, venciendo el miedo de dar testimonio de su fe.

¡Hasta la próxima semana!

¡Shalom!

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