“Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida”
Es un documento que ha sido acogido con sorpresa e ilusión por la comunidad de fieles debido a la visión positiva y optimista con la que el Papa Francisco presenta a la Juventud. Desde el principio, se destacan los dones y cualidades que la juventud aporta a toda la Iglesia.
De todo el documento, que en un camino en nueve capítulos recorre desde qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes hasta el discernimiento, querría destacar algo que aporta especial luz a la Iglesia en estos momentos frente a los jóvenes. Se trata del “ahora de Dios”
Los jóvenes: el ahora de Dios
El Papa inicia uno de los capítulos diciendo “ustedes son el ahora de Dios”. Ni el pasado ni el futuro, el presente, el cual los jóvenes “están enriqueciendo con su aporte”. El Papa subraya el aporte positivo de los jóvenes a la sociedad. Además, reconoce todas la diversas formas de ser joven en este mundo, las “muchas juventudes” que nacen en diferentes contextos sociales, políticos y culturales. En tal diversidad los jóvenes están unidos por una característica universal: su “valentía, frescura y entusiasmo” y el ser instrumentos para “derramar luz y esperanza”.
Pero entonces, ¿no importan nada ni el pasado ni el futuro? No, el Papa insiste que uno tiene que crecer teniendo raíces fuertes, descubrir la riqueza viva del pasado a través de lo que transmiten los padres y abuelos, porque es fácil “volarse” o perderse “cuando no hay donde agarrarse”. En este período de la vida, los jóvenes están llamados a “proyectarse hacia adelante sin cortar con sus raíces” y también “a construir autonomía, pero no en solitario”.
La juventud no existe
Por otra parte, se nos dice que “la juventud” como tal no existe. Al ser algo muy abstracto, debemos hablar de jóvenes con vidas concretas, con una forma de relacionarse con la realidad en la que viven, algunos, como recuerda el texto, en contextos difíciles de guerras, violencias y abusos. Ser joven no es una etapa fácil de la vida, pero sí es bella y llena de descubrimiento. Esto se refleja en “inquietud”, una palabra que resume muchas de las búsquedas de los corazones de los jóvenes. Nuestro corazón vive una inquietud que nos mueve a conocernos, a hacernos responsables de una misión, a asombrarnos continuamente con lo nuevo y con todos los regalos y dones que Dios trae al mundo a través de nuestras vidas.
La juventud no es simplemente “una etapa de paso donde la gente joven se siente empujada hacia la edad adulta”. Ser joven es un tiempo para conformar la propia personalidad, intentar nuevas cosas, experimentar, adquirir cada vez mayor “consistencia y equilibrio” y tomar algunas decisiones que van poco a poco estableciendo nuestro camino y proyecto de vida, que es único para cada joven.
“Jesús, lleno de vida, quiere ayudarte para que ser joven valga la pena. Así no privarás al mundo de ese aporte que sólo tú puedes hacerle, siendo único e irrepetible como eres”
Dios tiene un proyecto único para cada uno de nosotros y nos llama a vivirlo plenamente, dando todo lo mejor de nosotros. Dios quiera que esta exhortación anime a muchos jóvenes a formar parte activa de la Iglesia buscando desde ahora su vocación dentro de ella.
Carolina García
