Cartas a Dios es una hermosa alegoría de la vida vista a través de los ojos de un niño con una enfermedad terminal. La premisa de la historia puede asustar, y es precisamente una de las grandes virtudes de esta película el iluminar de modo maravilloso uno de los grandes misterios de la vida –la presencia del mal y la enfermedad en los inocentes– y como éstos pueden ser ocasión de encuentro, amor y redención.
Oscar, internado en un hospital con otros niños que sufren diversas enfermedades o discapacidades, se enterará de modo casual que su muerte está próxima. Sus padres no son capaces de enfrentar la situación, y el pequeño se verá completamente solo. Conoce, tras un encuentro fortuito, a la “dama de Rosa”, a quien le confiesa pronto que “no es un buen paciente, del tipo que hace feliz, de aquellos que hacen tener fe en la medicina”. Rosa tampoco es feliz, ni del tipo “que hace caridad”. Pronto, sin embargo, comenzará una hermosa relación llena de ternura y esperanza.

La película nos ilumina de este modo en otro aspecto importante de la vida. ¿Qué caracteriza una buena vida? Aprenderemos con Oscar que la respuesta no está necesariamente en una larga vida, llena de bienes y evitando el sufrimiento. Se puede vivir bien en un día –o diez en el caso de Oscar– cuando se asume la existencia centrados en lo esencial. Así, en cierto sentido, nuestro destino se juega en el presente, donde nuestras intenciones y actos tienen ecos de eternidad.

Rosa logrará así enseñarle a Oscar una aproximación a la vida y a su enfermedad llena de aceptación –no resignación– y de esperanza. Encontramos acá uno de los aspectos más interesantes de la película. Rosa no es perfecta, y arrastra años de evitar todo compromiso y preocupación por los demás. La relación con Oscar la transformará también, y nos da a entender que uno no necesita esperar a ser perfecto para ayudar a los demás. Dios actúa a través de nuestras fragilidades y limitaciones, y muchas veces siembra de modo insospechado, por medio de nuestros actos, semillas de conversión en los corazones de los demás.

¿Qué situación puede parecer más injusta que un hospital lleno de niños enfermos?Cartas a Dios no busca soslayar la dureza de la enfermedad, ni presentar una visión rosa de la vida. Enseñándonos lo verdaderamente valioso en la vida, Cartas a Dios resulta una película llena de ternura, compasión y, paradójicamente a ojos humanos, llena de gozo y paz.
Fuente: http://catholic-link.com/
