Hace un año, la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, fue escenario de un momento histórico para la Iglesia: Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati eran proclamados santos por el Papa León XIV. La primera canonización de su pontificado puso ante los fieles a dos jóvenes de épocas diferentes, pero unidos por una misma experiencia: el deseo de hacer de su propia vida una respuesta de amor a Jesucristo.
Carlo, que murió a los 15 años, se hizo conocido por su profunda devoción a la Eucaristía y por el uso de la tecnología como instrumento de evangelización. Pier Giorgio, que murió a los 24 años, vivió la fe en lo cotidiano, entre los estudios, los amigos, el deporte, la oración y el servicio a los pobres. Dos estilos de vida diferentes, pero un mismo centro: Cristo. Mientras Carlo señalaba hacia la Eucaristía y el Cielo, Frassati expresaba su camino con el lema «Hacia lo alto».
Un año después, el testimonio de ambos sigue siendo especialmente actual para los jóvenes. Ellos muestran que la santidad no exige una vida extraordinaria a los ojos del mundo, sino una respuesta concreta a Dios en las circunstancias ordinarias: en la familia, las amistades, los estudios, el trabajo, la vida digital y el servicio a los demás. Carlo y Frassati no fueron santos a pesar de ser jóvenes, sino también a través de su propia juventud.
La celebración del primer aniversario de la canonización, por tanto, no es solo una oportunidad para recordar aquella mañana en Roma, sino también para renovar una pregunta: ¿qué estamos haciendo con nuestra vida? Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati siguen señalando en la misma dirección: vivir plenamente aquí en la tierra, sin perder de vista el Cielo, haciendo de cada día una oportunidad para amar a Dios y a nuestros hermanos.