Ella Francesa, él brasileño; sus hijos nascieron en Uruguay, nación en la que viven actualmente. Esa es la familia misionera e intercultural de Ronayb e Gaelle Fernandes, consagrados de la Comunidad de Vida en la Vocación Shalom. El matrimonio escogió ser diferente, nadando contra la corriente de los tiempos actuales. En entrevista con comshalom, ellos nos cuentan cómo está siendo esta experiencia y cuál es el impacto de esa elección en la vida de sus hijos.
Unidos por la misión

La iniciativa llegó a buen puerto. Poco tempo después, ambos pasaron a conversar y a compartir sobre la vida y la misión. Con el tiempo, Dios fue suscitando algo más. Entonces, dieron inicio al proceso de discernimiento y más tarde comenzaron a recorrer un camino más profundo de amistad, que en la Comunidad se llama ‘caminada’ (original: ‘caminhada’). Al fines del 2011, comenzaron un noviazgo. En ese tiempo, la Divina Providencia cuidó de cada encuentro, ya que Ronayb continuaba en misión en Uruguay y Gaelle vivía en Aquiraz (CE – Brasil). Siguieron creciendo en la experiencia del noviazgo, en el autoconocimiento y también en el diseño de vida hasta que se casaron en una linda ceremonia el 10 de mayo de 2014.
El Coraje de ser diferente
“Ser diferente en la vida misionera quiere decir estar en las manos de Dios, es confiar que Él quiere lo mejor para nosotros”, explica Ronayb. El consagrado define su familia como intercultural, ya que en ella están presentes las costumbres brasileñas, francesas y uruguayos. Más allá de ello, por ser misioneros, ellos asumen un estilo de vida propia de la Vocación Shalom.
Con ese repertorio y con la certeza de que Dios quiere dar siempre lo mejor para sus hijos, Ronayb y Gaelle evangelizan el lugar en el que están en misión. El matrimonio comparte la forma en como educan a sus hijos, lidian con los problemas familiares en el día a día.
Con todo, el consagrado relata que ha habido preguntas y cuestionamientos por parte de algunas personas que no entienden la realidad misionara de su familia. Mas, en medio a todo ello, el matrimonio vive la experiencia de ser ‘luz para los personas’ y ello produce aún más coraje para seguir nadando contracorriente. Así, como familia, ellos pueden ser ‘profecía para el mundo’, especialmente en Uruguay.
Todo viene de Dios
Mañanas de oración, apostolados, actividades domésticas, misa diaria, actividades comunitarias… incluso con una rutina intensa, la pareja se esfuerza para dar prioridad a la vida de oración. “Necesitamos tener momentos de oración juntos, pues nuestros hijos van a coger lo que les transmitimos”, comenta Ronayb. Ellos tienen dos niños y en breve recibirán una niña. Ya desde la primera infancia, sus hijos, conocen la Divina Providencia que actúa en la vida de su familia. “Tratamos siempre de decirles que todo viene de Dios, que todo pertenece a Él”.
Más allá de ello, otra lección que desde temprana edad los pequeños aprenden es: “Siempre les bendecimos antes de dormir; les bendecimos y enseñamos que ellos nos bendigan también”. Ese movimiento es muy importante, pues transmite un valor fundamental para los niños. El deseo del matrimonio, inclusive, es que sus hijos cada vez más se impregnen del Evangelio, por la gratitud, por la solidaridad. Todo ello, lo van aprendiendo en el hogar, en el estar junto con los padres, en el oír atento de los unos a los otros, en un diálogo verdadero.





