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Encontrar en Jesús la propia dignidad: la misión Shalom en Madagascar

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Compasión, cocina, deportes y evangelización

A 24 horas de viaje en coche, se sitúa al extremo norte de la isla de Madagascar la ciudad portuaria

de Antsiranana (cerca de 300.000 habitantes). Es en este lugar donde desde Agosto de 2007 crece en silencio la misión de la Comunidad Shalom. Actualmente son ocho misioneros los que tratan de responder a la llamada de la Iglesia necesitada de obreros a su mies, ya sea con el anuncio del Evangelio o la nueva evangelización en este contexto semiurbano. Ubicado en una hermosa bahía y rodeado de un frondoso parque natural, paradójicamente, los desafíos de la localidad no son pocos, entre otros: la prostitución, la inestabilidad política, la mala distribución de la riqueza y la explotación incontrolada de los recursos naturales, epidemias como el VIH / SIDA, la malaria, el abandono de los niños con discapacidades, el tráfico de niños y la explotación femenina.

Vanda Santos, de 43 años, originaria de Salvador de Bahía, es el actual responsable de la pequeña comunidad de ocho misioneros Shalom que viven en el barrio de Scama a las afueras de la ciudad. Explica que la comunidad se instaló en esta ciudad, por invitación del entonces Arzobispo Michel Malo, con la tarea de evangelizar a través del carisma Shalom, animando y gestionando un centro dirigido a niños y jóvenes, especialmente a aquellos con discapacidades físicas.

“De modo profético D. Michel intuyó que la discapacidad física era sólo una de las muchas deficiencias que necesitaba ser atendida allí, en este lugar, donde hoy trabajamos, refiriéndose a las heridas como la drogadicción, el abandono de los niños, el desaliento causado por la pobreza extrema, que también necesita la atención de nuestra comunidad” explica Vanda.

Los ocho misioneros que viven allí y están trabajando actualmente son todos brasileños. Sólo uno de los ocho hablaba francés a su llegada. “Por supuesto, el idioma es una gran barrera, pero no nos dejamos vencer”, dice la responsable local. Ella prosigue explicando que todos hacen un gran esfuerzo para aprender francés, lengua de los antiguos colonizadores, y no sólo esto, sino también para comunicarse en la lengua de los más pobres y menos educados, la lengua malgache. WhatsApp Image 2016-09-07 at 15.05.28

“Estoy convencida de que la preparación lingüística no es el único elemento que define la calidad del misionero. Es necesario primero de todo amar al pueblo y querer ir a su encuentro “, comenta Vanda Santos.

La pequeña casa de la comunidad, que forma un solo conjunto con Centro (que tiene algunas habitaciones para el entrenamiento) acoge en espacios separados a chicos y chicas. El punto de encuentro de la casa Shalom es el comedor y la capilla. Ésta,  abierto al público, esconde el secreto del vigor misionero. Vanda relata que las mañanas de la Comunidad están  “regadas de oración, porque es Jesús quien nos da la fuerza y nos impulsa a superar las barreras humanas e ir al pueblo, para hablar de su amor.” Añade que las tardes y los fines de semana, sin embargo, están llenos de actividades, “el motor en nuestra misión hasta la fecha ha sido lo que llamamos el Proyecto José de Egipto, donde se alfabetiza y evangeliza por las tardes a 45 niños para la alfabetización y la evangelización. Entorno a este proyecto, nacieron nuestras visitas diarias de puerta en puerta en los barrios vecinales, especialmente teniendo en cuenta las peticiones de oración por los enfermos y las familias de los niños que participan en nuestras actividades.

Regularmente, también visitamos a los enfermos en dos de los hospitales de la ciudad y tenemos un grupo de oración en la cárcel.”  Aún con todo esto la Comunidad sigue desarrollando más maneras para la evangelización.

“Hace unos meses, hemos estado pensando en cómo conseguir que más personas conozcan sobre el amor de Jesús, los que no siempre van a la iglesia o se sienten a menudo incluso indignos de Dios” – explica Thamires Pacheco – una de las misioneras que vinieron a reforzar el equipo en los últimos meses. Ella concluye, “fue entonces cuando nos vino la inspiración de Dios para el año 2015: la creación de un curso de cocina y una academia de voleibol y fútbol”.

Eugenia Costa, una de las integrantes de la Comunidad que vive allí desde 2014, explica el propósito del curso de cocina: “Aquí, debido principalmente a la pobreza y la falta de educación, la alimentación, en muchas familias, está restringida sólo al arroz. Nos dimos cuenta, sin embargo, que hay otras fuentes de nutrientes disponibles que están infrautilizados en la preparación de las comidas del día a día. Así que pensamos en reunir a las madres para “actualizarse” en el pan nuestro de cada día”.cuisine01

Hay un promedio de cuarenta mujeres participando en el curso en los últimos meses, incluidas madres musulmanas atraídas por la novedad, comenta Vanda Santos. “Las miro y siento que tienen sed de algo más, de vida en abundancia. Por esto nuestra tarea es tener el valor de proponer el Evangelio y lo hacemos pensando siempre en rezar con ellas para agradecer a Dios sus dones y cuidados para con nosotros. Prácticamente toda la semana buscamos testimoniar un poco del amor de Dios de forma nueva y atractiva”, revela entusiasta.

Los misioneros cuentan el testimonio de un participante durante el curso: “Si Shalom no estuviera aquí, ¿qué sería de nosotros?, ¿Qué estaríamos haciendo ahora? Gracias a Dios por amarnos de una manera única y diferente, que nos da la oportunidad de aprender a preparar nuestros alimentos con más dignidad y la comida necesaria para el cuerpo porque nuestra alma necesita un cuerpo para vivir. Gracias a Shalom por manifestar tan bien a Dios, su amor por nuestro país mediante el envío de misioneros dedicados y dispuestos a hacernos conocer y experimentar el amor y la misericordia de Dios”.

Pero no sólo de cocina vive la misión de Madagascar. Gabriel Angelo habla de la inspiración del voleibol y el fútbol:  ”en realidad es muy simple, es una manera de acercarnos a los jóvenes que no van a la iglesia o que no pueden imaginarse hacer deporte con un misionero. Los encuentros fraternos también ofrecen un refugio apropiado para la edad y el contexto de donde vienen. Para muchos ha sido un reavivamiento de la fe”. Con una larga experiencia misionera y de trabajos de promoción humano en Brasil, la responsable local Vanda concluyó: “En esta tierra he redescubierto la alegría de ser misionero. Es muy difícil, pero ahí es donde veo la mano misericordiosa de Dios guiando mi vida y conduciendo a su pueblo”.

Rafael D’Aqui

Traducido del portugués por María José Aguilar


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