Apolo, primera sección de la provincia Franz Tamayo del departamento de La Paz, se encuentra en la zona denominada Alto Beni y limita al noroeste con la República del Perú. Es uno de los municipios con mayores dificultades de acceso, por su relieve accidentado, sus caminos casi inexistentes y las condiciones climáticas extremas. Apolo cuenta con 76 comunidades campesinas e indígenas, distribuidas en 4 cantones y un área urbana. Y su territorio llega a una planicie elevada hasta los 3.370 metros sobre el nivel del mar.

Una de esas 76 comunidades es Santa Catalina, a donde fue invitada la misión de Santa Cruz de la Sierra para predicar un Seminario de Vida en el Espíritu Santo. Tiago Soares, responsable por esta misión, Karoliny Veras y Francinaldo de Oliveira (CV), y Liza Studart (Postulante CA) son quienes fueron este pasado fin de semana para evangelizar a treinta jóvenes de esta comunidad. Después de casi siete días fuera de Santa Cruz, al regresar, la postulante Liza compartió su experiencia contándonos su testimonio de la misión:

“En este fin de semana tuvimos un retiro con jóvenes de Santa Catalina, una comunidad del departamento de La Paz. En este retiro vivimos la experiencia de encontrar a Dios a través de estos jóvenes. Mi experiencia allá fue el ver que Dios es para todos los pueblos. Ver que Dios es para personas mayores, para niños pero también es para personas de todas las clases sociales; desde el pobre hasta el rico. Dios es para todos.
Salimos desde Santa Cruz de la Sierra hasta Santa Catalina en casi 30 horas de viaje. Fue una gran experiencia el ver en el rostro de esos jóvenes el deseo de Dios, el deseo de estar con Dios, el gran deseo de rezar aún cuando muchas veces no sepan cómo. Aunque no tengan mucho acceso a la información, tienen un gran deseo de Dios, de encontrarle.
Fuimos para hablarles sobre Dios pero mientras más le hablábamos de Dios, más nos hablaba Dios a nosotros. Yo tuve precísamente esa experiencia. Hablarles de Dios a esos jóvenes porque estábamos para enseñarles pero en realidad ellos nos enseñaron mucho. Nos enseñaron, a través de su vida sencilla, una vida pequeña, muchas veces hasta olvidados por la sociedad; nos enseñaron el gran deseo que tienen de ser de Dios y, con este, el don del servicio. Yo los veía, con una vida humilde, allá sirviendo. Me hacía cuestionarme sobre mi servicio, cuando no tengo ganas de hacerlo, y yo los veía allá dando la vida aún sin tener grandes condiciones, sin poder ofrecer muchas cosas, sin conocer muchas cosas, hacía de todo sirviendo.
También tuve una experiencia con la hermana Mónica, una consagrada que nos acogió allá con el Padre José Luís. El Padre y la hermana fueron los primeros en recibirnos. En esta comunidad tan pequeña en medio de Bolivia, de La Paz, ellos ofrecen su vida, ahí se entregan. Veía cómo Dios alcanza a todos en todos los lugares, veía una Iglesia viva aún estando lejos. Existen personas lejos de nosotros, donde no podríamos imaginar, que da toda su vida por la Iglesia. Vivir esta experiencia nos dio la oportunidad de renovar nuestro deseo de servir viendo que Dios es para todos los pueblos, llega hasta los confines de la tierra.
Que Dios pueda hacer siempre esta obra en nosotros renovando siempre el deseo de evangelizar hasta los confines de la tierra, sin distinción de clase social, sin distinción de nada. Shalom.”