Formación

La alegría que nace de Cristo que viene

3er Domingo de Adviento, Domingo Gaudete (Mt 11,2–11)

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El Domingo Gaudete ilumina el Tiempo de Adviento con una alegría discreta y profunda, «Alégrense siempre en el Señor. Lo repito, alégrense. El Señor está cerca». Ya en la inminencia de la llegada de la Navidad, el Evangelio nos coloca nuevamente ante Juan el Bautista, ahora preso, pero todavía atento a las obras de Cristo. Incluso encadenado, no pierde la capacidad de escuchar y de orientar a los discípulos. Y aquí nace ya un primer signo, la gracia llega a donde no imaginamos y la Palabra alcanza lugares que ninguna fuerza humana puede alcanzar.

A continuación proponemos siete puntos para su oración, lectio, con este Evangelio, que comentamos en el pódcast (https://www.youtube.com/watch?v=3_Sc89XE53c).

  1. Juan oyó hablar de las obras de Cristo

Desde el fondo de la prisión, Juan recibe noticias de lo que Jesús hace. Los signos realizados por el Señor no se interrumpen ni siquiera en nuestras prisiones, miedos o límites. La gracia atraviesa muros. Juan no ve, pero escucha, y esto basta para reavivar la fe. Cuántas veces también nosotros dependemos del testimonio de otros para reconocer que Dios sigue actuando. La alegría renace cuando percibimos que Jesús no está ausente, incluso cuando todo parece cerrado.

  1. El que ha de venir

La pregunta de Juan toca el corazón del Adviento, «Eres tú el que ha de venir?». El Mesías esperado no se ajusta a nuestros calendarios, pero llega. El Adviento nos recuerda que Él vino en la carne, que viene cada día por la gracia y que vendrá un día en su gloria. El movimiento es siempre doble, Él viene a nuestro encuentro y nosotros también debemos ir hacia Él. Quien vive en esta esperanza aprende a reconocer su presencia en la Palabra, en la Eucaristía y en los pobres. Aquí brota una alegría que no depende de las circunstancias, sino de la certeza de que el Señor está realmente cerca.

  1. La pregunta de Juan

«Debemos esperar a otro?» Juan había señalado a Jesús como el Cordero de Dios, pero ahora plantea esta pregunta. Algunos exégetas ven aquí una duda sincera; otros entienden que Juan desea que sus discípulos se encuentren directamente con Cristo. Sea como sea, la pregunta resuena para nosotros, Aceptamos a Jesús como el Mesías anunciado o seguimos esperando a otro? A veces creamos expectativas sobre Dios que Él nunca prometió cumplir. Él no se ajusta al tipo de Mesías que imaginamos. Él es el Mesías que necesitamos. El Tiempo de Adviento nos purifica de esas falsas expectativas.

  1. Los signos del Mesías

Jesús no responde a los discípulos del Bautista con teorías, sino con obras, Vayan y cuenten a Juan lo que están oyendo y viendo, los ciegos ven, los sordos oyen, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Son los signos que el Mesías anunciado por Isaías realizaría. El Reino ya está presente. Pero un punto llama la atención, Isaías también decía que el esperado «proclamaría la libertad a los cautivos y la liberación a los prisioneros» (Is 61,1), y sin embargo Juan seguía encarcelado. Jesús ha venido para darnos la libertad, pero lo hace de una manera mucho más profunda. La mayor prisión es la del pecado y es principalmente de esta que Él ha venido a liberarnos. La alegría del Evangelio nace cuando entendemos que en Cristo somos verdaderamente libres. Él quita los fardos pesados y abre caminos donde no los había.

  1. «Dichoso el que no se escandaliza de mí»

Jesús conoce las expectativas de su pueblo y sabe que muchos rechazarían a un Mesías pobre, manso, sin armas y sin poder político. Por eso dice, «Dichoso el que no se escandaliza de mí». La alegría cristiana exige humildad para acoger a un Dios que actúa en la pequeñez. La cruz será siempre escándalo para unos y locura para otros, pero es en ella donde Dios manifiesta su amor infinito por nosotros. El Adviento nos prepara para acoger este misterio con fe.

  1. Jesús elogia a Juan

Después de que los discípulos se marchan, Jesús habla sobre Juan. Él no era un hombre inestable como una caña agitada por el viento, ni alguien seducido por comodidades. Juan es firmeza, es más que un profeta. Él es el mensajero enviado delante del Señor para preparar su camino. La grandeza de Juan está en su misión y en su fidelidad. Es el amigo del Esposo, y esta es su alegría, la de quien encontró su lugar en la historia de la salvación.

  1. El más pequeño en el Reino

Jesús concluye con una afirmación sorprendente, «En verdad les digo, entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él». Juan representa el límite entre las antiguas promesas y su cumplimiento definitivo en Cristo. Él señala, pero no entra. Quien está en el Reino, aunque sea pequeño, ha recibido más de lo que Juan pudo ver. Somos grandes no por mérito, sino por gracia. Esta es la profunda alegría del Domingo Gaudete, Dios elige a los pequeños y los coloca en el centro de su Reino.

Conclusiones prácticas

  • Vuelve a leer tu vida y reconoce dónde Cristo ya ha salido a tu encuentro.
    • Pide la gracia de esperar al Señor sin crear expectativas humanas sobre Él.
    • Mira los signos del Evangelio a tu alrededor, quién necesita ser sanado, escuchado o levantado a través de ti?
    • Cultiva la alegría discreta que nace de la fe y no de las circunstancias.
    • Ora por quienes viven aprisionados por miedo, pecado o tristeza, para que también puedan oír las obras y los signos que Cristo sigue realizando.

Pasos de la Lectio Divina

Lectura (lectio)
Lee Mateo 11, 2–11 lentamente. Observa el movimiento entre Juan, los discípulos y Jesús. Nota cada uno de los signos, también en su dimensión espiritual.

Meditación (meditatio)
Qué preguntas traes hoy al Señor? En qué punto de tu vida sigues esperando «a otro»? Has oído y visto las obras del Señor?

Oración (oratio)
Pide, «Jesús, abre mis ojos para reconocer tus signos y fortalece mi corazón en tu alegría».

Contemplación (contemplatio)
Permanece ante Cristo que viene. Deja que el Espíritu Santo reavive en ti la alegría del Reino.

Acción (actio)
Elige un gesto concreto que manifieste la alegría cristiana, un perdón, una visita, una reconciliación, un servicio silencioso.

Hasta la próxima semana.
Shalom.

 


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