Formación

La castidad como remedio para combatir el virus de la lujuria 

Es tiempo de ser entero para Dios y para los otros. ¿Cumple este desafío? 

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Seguramente usted ha seguido aquí en comshalom.org la Serie Vicios y Virtudes. Ya hemos hablado de las señales de la presencia de adicción denominada impureza, pero también conocida como lujuria. Hoy hablaremos de la virtud de la Castidad, un remedio para combatir la Lujuria en nosotros.

Pero después de todo, ¿qué es la castidad?

La castidad es, junto con la pobreza y la obediencia, un consejo evangélico. El propio Cristo guardó su castidad por amor a los hombres.

El hombre casto es aquel que tiene un corazón indiviso, es decir, que no está fragmentado por el pecado. Con el corazón entero, lo pone completamente en Dios, y en él, y a partir de él, vive toda su vida en relación con los demás.

Él ama con el amor de Dios. Ordena todo desde el amor de Dios: su afectividad, su sexualidad, su vida espiritual, todo.

Remedio de la lujuria: El otro

La castidad se da en las relaciones: con Dios, con los demás y con uno mismo. Es amor desinteresado. De modo que, el hombre casto se relaciona desinteresadamente con Dios, con el otro y consigo mismo.

Nos referimos brevemente a la castidad en el libro Virtudes: camino de imitación a Cristo1, en el que afirmamos:

 “La castidad vuelve a unificar, cura la división interior generada por el pecado”. (Virtudes: camino de imitación a Cristo, cap. 7).

La castidad puede ser vivida en la continencia, en el caso de los solteros y de los célibes, y en la relación conyugal, en el caso de los casados.

Sexualidad plena

Como enseña el Catecismo, “la sexualidad está ordenada para el amor conyugal del hombre y la mujer. En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos se convierte en señal y prenda de comunión espiritual. Entre los bautizados, los lazos del matrimonio son santificados por el sacramento” (CIC 2360).

Dentro de la relación conyugal, el placer no está prohibido, sino bien recibido como fruto de la unión del amor:

 “Los hechos por los que los esposos se unen intima y castamente son honestos y dignos; realizados de una manera auténticamente humana, expresan y nutren la entrega mutua con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud. La sexualidad es fuente de alegría y de placer: fue el propio Creador quien estableció que, en este rol de generación, los esposos experimentarían placer y satisfacción de cuerpo y espíritu. Por lo tanto, los cónyuges no hacen nada malo al buscar este placer y gozar de el. Aceptan lo que el Creador les ha designado. Sin embargo, deben saber cómo mantenerse dentro de los límites de una justa moderación”. (CIC 2362)

Consejos para crecer en la virtud de la castidad

1- Oración: San Agustín es claro en sus Confesiones cuando dice que solo es posible vivir la castidad por la gracia divina. La oración es ese lugar en el que nos dejamos transformar por la gracia, para que solo con una vida de oración sea posible vivir la castidad.

2- Escape de ocasiones de pecado: aquí no estamos hablando de que se asuma una postura de miedo, sino de prudencia. En el libro Virtudes: camino de imitación a Cristo dedicamos un capítulo entero a reflexionar sobre la prudencia. Escapar de las ocasiones del pecado exige estar atentos a la realidad objetiva, analizar si dicha situación iría a colaborar con mi vivencia de la castidad y, si la respuesta es negativa, renunciar. Nada que amenace esta virtud puede ser buena, de modo que nada puede ser tan bueno que valga la pena perder para tener un corazón indiviso y unido a Dios.

3- Mortificación: las pequeñas renuncias educan nuestra voluntad, para poder someter a la razón nuestros instintos y pasiones. Vale la pena hacer pequeños sacrificios a menudo. Se trata de contradecir nuestra voluntad para fortalecerla, de modo que cuando nos enfrentamos a la posibilidad de pecar, seamos lo suficientemente fuertes y suficientes (con la gracia de Dios) como para decirle no al pecado.

4- Profundización de convicciones profundas sobre los valores cristianos: es saludable renovar constantemente nuestra opción por vivir el Evangelio, a través de buenas lecturas, la vida sacramental, formación humana y espiritual, retiros, etc. Nuestra memoria es débil, por eso es importante mantener vivas nuestras convicciones respecto a nuestros valores morales, para que en tiempos de tentación, no olvidemos porque elegimos lo que elegimos. Ahora bien, no se trata de ‘recordar la regla’, se trata de renovar la experiencia y profundizar en el conocimiento de Jesús, razón por la cual decimos sí a la vivencia de la castidad. 

5- Hacer elecciones radicales para la experiencia de la castidad: hay momentos en la vida en los que nos encontramos entre dos opciones opuestas. En cuanto a los valores del Evangelio, no debemos dudar en elegir siempre la voluntad de Dios. Si hay lugares que nos hacen propensos a pecar contra la castidad, es bueno dejar de ir allí; si hay relaciones que nos hacen caer, entonces es mejor alejarnos; si hay momentos que nos llevan a pecar, debemos evitarlos. El pecado es una decisión para romper con Dios, y cada vez que pecamos tomamos una decisión radical en este sentido. Quizás es hora de tomar decisiones igualmente radicales por el bien, por Dios, por la castidad.

Que el Señor nos dé la gracia de ser cada vez más como Él, Cordero puro y sin mancha.

 

Traducción: Marjori Small

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¹ LÉNIZ, Juan José. Virtudes: caminho de imitação de Cristo. Edições Shalom, 2020.


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