Formación

La Sagrada Familia, escuela de escucha, obediencia y confianza

Fiesta de la Sagrada Familia (Mt 2,13–15.19–23)

comshalom

José Ricardo F. Bezerra

Introducción
La Fiesta de la Sagrada Familia nos pone ante un misterio concreto: Dios quiso salvar al mundo no al margen de la vida familiar, sino dentro de ella. Jesús no nace ya en gloria, sino en una familia; no crece aislado, sino inserto en una historia marcada por el trabajo, los desplazamientos, los peligros y las decisiones difíciles. El Evangelio de Mateo (2,13–15.19–23) nos muestra una familia amenazada, guiada por la voz de Dios y sostenida por la obediencia silenciosa de san José.

En este Evangelio no encontramos largos discursos ni gestos espectaculares. Encontramos escucha, prontitud y confianza. La Sagrada Familia nos enseña que la santidad pasa, casi siempre, por lo ordinario de la vida y por la fidelidad en las decisiones concretas. En nuestro podcast (https://www.youtube.com/watch?v=h1IsRkXhEVE) proponemos siete puntos para ayudar en la oración personal con este Evangelio.

  1. El ángel del Señor
    El Evangelio comienza con la iniciativa de Dios: el ángel del Señor se aparece en sueños a José. Dios habla, orienta y advierte. Pero habla de un modo que exige fe. Las palabras del ángel no eliminan el riesgo ni resuelven todas las dudas. Piden escucha interior y disponibilidad para actuar. José no recibe garantías; recibe una misión. En la vida espiritual ocurre lo mismo: Dios nos guía, pero no nos exime de la responsabilidad de responder.

El Señor sigue actuando en la historia de cada uno, conduciendo, custodiando y advirtiendo. La cuestión no es si Dios habla, sino si estamos atentos a su voz y dispuestos a obedecer cuando nos saca de la zona de confort.

  1. José
    San José ocupa un lugar central en este Evangelio. Escucha y actúa. No discute, no aplaza, no relativiza. Se levanta de noche, toma al niño y a su madre y parte. Su obediencia no nace de la ingenuidad, sino de una profunda confianza en Dios. José acepta conducir a quienes son mayores que él: Jesús, el Hijo de Dios, y María, la Madre del Señor.

Aquí hay una gran lección para todos los que ejercen algún tipo de autoridad. José gobierna sirviendo, protege obedeciendo y conduce poniéndose en segundo plano. Nos muestra que la verdadera autoridad, del latín auctoritas, hacer crecer, busca el bien del otro, nace de la escucha de Dios y de la responsabilidad asumida con amor.

  1. El niño y su madre
    Mateo utiliza dos veces la expresión “el niño y su madre” (Mt 2,14.20). El centro es Jesús. Todo gira en torno a él. La familia existe para custodiarlo, protegerlo y servirlo. La fragilidad del niño revela el modo como Dios eligió entrar en la historia: sin imponerse, confiándose al cuidado humano.

María aparece aquí en silencio, pero su presencia es decisiva. Ella se somete a José, camina, confía y acompaña. La maternidad de María no es solo biológica, sino profundamente espiritual: acoge el misterio y permanece fiel, incluso cuando no comprende todo.

Contemplar al niño Jesús es aprender a reconocer a Dios en la fragilidad, la dependencia y la sencillez.

  1. Egipto
    La huida a Egipto inserta a Jesús en la historia de su pueblo (cf. Os 11,1; Mt 2,15). Recorre el camino de Israel, experimenta el exilio y la condición de extranjero. La Sagrada Familia conoce el destierro, la inseguridad y la espera. No es un desplazamiento breve, sino una permanencia prolongada, marcada por el silencio y la confianza en la Providencia divina.

Egipto nos recuerda que, muchas veces, Dios nos conduce por caminos que no elegiríamos. Aun así, permanece fiel. La salvación no sucede fuera de la historia concreta, sino dentro de ella, con sus dolores e incertidumbres.

  1. Herodes
    El rey Herodes representa el poder que teme perder el control. Ve en Jesús una amenaza y responde con violencia (cf. Mt 2,16–18). El Evangelio nos invita a reconocer que el espíritu de Herodes no pertenece solo al pasado. Siempre que rechazamos el señorío de Dios para preservar nuestros propios intereses, algo de Herodes se manifiesta en nosotros.

El contraste es claro: mientras Herodes protege su trono a costa de la vida de inocentes, José protege al Niño poniéndose en riesgo. Dos modos opuestos de ejercer el poder y tomar decisiones.

  1. El regreso a la tierra de Israel
    Cuando pasa el peligro inmediato (cf. Mt 2,19), José recibe una nueva orientación: es tiempo de volver. La vida espiritual no es estática. Dios nos conduce por etapas. José obedece de nuevo, pero debe discernir. Al saber que Arquelao reinaba en Judea (cf. Mt 2,22), tiene miedo y, una vez más, escucha la orientación del Señor.

Este regreso enseña que obedecer a Dios no dispensa del discernimiento prudente. La confianza no elimina el uso responsable de la inteligencia. José elige Nazaret, un lugar sencillo, lejos de los centros de poder, donde Jesús crecerá en la vida oculta.

  1. El Nazareno
    “Será llamado Nazareno” (Mt 2,23b). Esta frase que cierra el Evangelio plantea una cuestión difícil para los exegetas de todos los tiempos: ¿en qué profecía pensaba el evangelista? En La infancia de Jesús, el papa Benedicto XVI explica que Jesús es el verdadero consagrado (nazir) del Padre, el totalmente “separado” para Dios. Es también, de modo eminente, el retoño (nézer) del tronco de Jesé sobre el que reposa el espíritu del Señor (cf. Is 11,1–9). Así, Mateo completa la trilogía mesiánica de Isaías: la virgen que da a luz al Emanuel (cf. Is 7,14; Mt 1,23), el pueblo que caminaba en tinieblas (cf. Is 9,1; Mt 4,15–16) y la continuación que habla del niño que nos ha sido dado, Consejero admirable, Dios fuerte, Príncipe de la paz (cf. Is 9,5).

La consagración de Jesús se manifiesta en la humildad de Nazaret. El Hijo de Dios elige ser conocido por el lugar pequeño donde vivió. Nazaret no es mencionada en el Antiguo Testamento como ciudad importante; al contrario, era un lugar despreciado (cf. Jn 1,46). Llamar a Jesús “Nazareno” es vincularlo a la pequeñez, al ocultamiento y a la vida sencilla, pero profundamente enraizada en la estirpe de sus antepasados. Así, la Sagrada Familia nos enseña que Dios se revela en el ocultamiento y que la santidad florece donde menos se espera.

Conclusiones prácticas
La Fiesta de la Sagrada Familia nos invita a revisar nuestra manera de vivir la fe en lo cotidiano. Dios actúa en la historia concreta de las familias, incluso cuando está marcada por dificultades, miedos y decisiones difíciles.

Aprendamos de José a escuchar la voz de Dios y de sus mensajeros y a obedecer; de María, a confiar y a ser dócil a las orientaciones del esposo; y de Jesús, a acoger la voluntad del Padre en la sencillez de la vida diaria, siendo sumiso (cf. Lc 2,51) a aquellos que el Padre eligió.

Que nuestras familias se conviertan en lugares de escucha, cuidado y protección de la vida y de total confianza en Dios.

Pasos de la Lectio Divina

  1. Lectura (lectio): Lee Mateo 2,13–15.19–23 lenta y atentamente. Observa los verbos de acción: levantarse, buscar, tomar, huir, volver, habitar.
  2. Meditación (meditatio): ¿Dónde me pide Dios confianza y obediencia? ¿Qué miedos necesito entregarle?
  3. Oración (oratio): Reza: “Señor, enséñame a escuchar tu voz y a confiar en tu guía, incluso cuando el camino es difícil e incierto”.
  4. Contemplación (contemplatio): Permanece en silencio ante la Sagrada Familia. Contempla la paz que nace de la obediencia a Dios.
  5. Acción (actio): Realiza esta semana un gesto concreto de cuidado y responsabilidad con alguien de tu familia, inspirado en san José.

Hasta la próxima semana.
Shalom!

 


Comentarios

Aviso: Los comentarios son de responsabilidad de los autores y no representan la opinión de la Comunidad Shalom. Está prohibido dejar comentarios que violen la la ley, la moral y las buenas costumbres o violan los derechos de los demás. Los editores pueden retirar sin previo aviso los comentarios que no cumplen los criterios establecidos en este aviso o que estén fuera del tema.

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *