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Las flores de septiembre en Granada

En Granada llueve una lluvia de flores el mes de septiembre en honor a su Patrona, la Virgen de las Angustias.

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En Granada llueve una lluvia de flores  el mes de septiembre en honor a su Patrona, la Virgen de las Angustias.

El pueblo cuenta con diversas actividades que promueven la expresión de su fe a Nuestra Señora de las Angustias. El día 15 se inician los cultos con la tradicional ofrenda floral, del 20 al 28 se celebrará la novena y el 30 la procesión con la Imagen de la Virgen de las Angustias.

A esa “Madre de Amores” deseamos dedicar fragmentos de una poesía de Santa Teresita del Niño Jesús, como una manera de honrarla y declararle nuestro amor.

PORQUE TE AMO, MARÍA (Santa Teresa de Lisieux)

“Cantar, Madre, quisiera por qué te amo.
Por qué tu dulce nombre me hace saltar de gozo el corazón,
y por qué el pensamiento de tu suma grandeza
a mi alma no puede inspirarle temor.
Si yo te contemplase en tu sublime gloria,
muy más brillante sola que la gloria de todos los elegidos juntos,
no podría creer que soy tu hija, María, en tu presencia bajaría los ojos…

Para que una hija pueda a su madre querer, es necesario que ésta sepa llorar con ella,
que con ella comparta sus penas y dolores.
¡Oh dulce Reina mía,
cuántas y amargas lágrimas lloraste en el destierro
para ganar mi corazón, ¡oh Reina!
Meditando tu vida tal como la describe el Evangelio,
yo me atrevo a mirarte y hasta a acercarme a ti.
No me cuesta creer que soy tu hija, cuando veo que mueres,
cuando veo que sufres como yo.

¡Oh Reina de los mártires, la espada dolorosa traspasará tu pecho
hasta la tarde misma de tu vida!
Ya te ves obligada a abandonar el suelo de tu patria
por escapar, huyendo, del furor sanguinario de un envidioso rey.
Jesús duerme tranquilo bajo los suaves pliegues de tu velo
cuando José te advierte que hay que partir aprisa.
Y es pronto tu obediencia:
tú partes sin demora y sin razonamientos.

Tú nos amas, María, como Jesús nos ama,
por nosotros aceptas verte alejada de él.
Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo:
quisiste demostrarlo quedando con nosotros
como fuerte y visible ayuda nuestra.
¡Conocía Jesús tus íntimos secretos y la inmensa ternura
de tu divino corazón de madre!
Te nos dejó a nosotros, como refugio fiel de pecadores,
cuando, para esperarnos en el cielo, abandonó la cruz.

Te me apareces, Virgen, en la sombría cumbre del Calvario,
de pie junto a la cruz, igual que un sacerdote en el altar,
ofreciendo tu Víctima, tu Jesús amadísimo,
nuestro dulce Emmanuel, para desenfadar la justicia del Padre.
Un profeta lo dijo, ¡oh Madre desolada!:
“¡No hay dolor semejante a tu dolor!”
¡Oh Reina de los mártires, quedando en el destierro,
prodigas por nosotros toda la sangre de tu corazón!”


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