Formación

Los jóvenes y la búsqueda de la Verdad

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El anhelo de Verdad es algo intrínseco al ser humano.

“Es propio de la condición humana y, particularmente de la juventud buscar lo Absoluto, el sentido y la plenitud de la existencia. Queridos jóvenes, ¡no os contentéis con nada menos que los ideales más altos! No os dejéis desaminar por aquellos que, desilusionados de la vida, se vuelven sordos a los anhelos más profundos y auténticos del corazón. Tenéis razón para no resignaros con diversiones insípidas, modas pasajeras y proyectos reductivos. Si mantenéis con ardor vuestro anhelos por el Señor, sabréis evitar la mediocridad y el conformismo, tan extendidos en nuestra sociedad”. Esto fue dicho por el Papa San Juan Pablo II a los jóvenes un año antes de su pascua, en 2004, durante la preparación de la XVII Jornada Mundial de la Juventud y, como podemos ver, son palabras fuertes que invitan y, al mismo tiempo, impulsan la búsqueda de la verdad auténtica.

El anhelo de verdad es algo intrínseco al ser humano. Desde siempre la buscamos de varias formas y en diversos lugares, pero no siempre se llega a aquella verdad plena que se ha de manifestar en la última revelación de Dios: “Ahora, vemos como en un espejo y de forma confusa; mas entonces, será cara a cara. Ahora, mi conocimiento es limitado; entonces, conoceré como soy conocido” (1Cor 13,12).

En el mundo actual, donde tantos hombres y mujeres piensan y viven como si Dios no existiese, se hace difícil para los jóvenes encontrar con seguridad el camino de la verdad; por eso se dejan atraer fácilmente por formas irracionales de filosofía que desvirtúan el sentido primero y último de la vida: Dios. El gran mal que se derrumba sobre la juventud no son las drogas, sino la falta de sentido de vida; sin éste, el tiempo que debería ser llenado con fantásticos descubrimientos se convierte en un peso, donde nada es satisfactorio y todo es vacío…

Pero tú, que eres joven, no puedes desanimarte delante de esa realidad; es preciso el coraje para dejar que el Evangelio sea el conductor de tus opciones y de toda tu vida. “No os conforméis con este siglo, mas transformaros por la renovación de vuestra mente, a fin de conocer la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le es agradable y lo que es perfecto” (Rm 12,2).

“La filosofía moderna posee, sin duda, el gran mérito de haber concentrado su atención sobre el hombre. (…) Dio sus frutos en los diversos ámbitos del conocimiento, favoreciendo el progreso de la cultura y la historia. (…) La antropología, la lógica, las ciencias de la naturaleza, la historia, la lingüística, de algún modo todo el universo del saber fue abarcado. Aun así, los resultados positivos alcanzados no deben llevar a la olvidar el hecho de que esa misma razón, ocupada en investigar de manera unilateral el hombre como objeto, parece hacer olvidado que éste está siempre llamado a volverse también para una realidad que lo trasciende. Fue así que la razón, sobre el peso de tanto saber, en vez de exprimir mejor la tensión hacia la verdad, se curvó sobre sí misma, haciéndose incapaz, con el paso del tiempo, de levantar la mirada para lo alto y de osar llegar a la verdad del ser” (Fe y Razón, 5).

En toda la historia de la humanidad, la filosofía fue dando respuestas necesarias al hombre, pero al desviarse den centro, que es Dios, dejó de ser puente y pasó a ser muro que solamente con el auxilio de la fe es posible traspasar. Pero cuando alguien se determina a encontrar la verdad, hace, sin duda, la maravillosa experiencia de la libertad, “conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Jn 8, 32).

“Vosotros sois la sal de la tierra…Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 13-14)- evoca el deseo de la verdad y la sed de alcanzar la plenitud del conocimiento que están grabados en el corazón de todo hombre. Es necesario que el joven tenga un encuentro personal con Cristo, “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6), con el Absoluto, para que sus criterios de validación y opciones no sea dominados por la técnica o por las pasiones desordenadas.

¡Buscar la verdad es buscar a Cristo! Y en la vida de los jóvenes, esta búsqueda pasa por la elección de la profesión, el descubrimiento del amor humano, el anhelo de hacer algo grandioso, la lucha para firmar las propias convicciones.

“En realidad, es Jesús a quién buscáis cuando soñáis con la felicidad; es Él quien os espera, cuando nada de lo que encontráis os satisface; él es la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con aquella sed de radicalidad que no nos deja ceder a compromisos; es Él quien os invita a quitaros las máscaras que hacen la vida falsa; es Él quien lee en vuestro corazón las decisiones más verdaderas que otros querrían sofocar. Es Jesús quien suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el negaros a ser sumergidos en la mediocridad, el coraje de empeñaros, en humildad y perseverancia, en el perfeccionamiento de vosotros mismo y de la sociedad, haciéndola más humana y fraterna” (San Juan Pablo II).

Permítete, por tanto, ser atraído por aquello que conduce a la verdad; que no corrompe los sentidos. Muchas veces la verdad va a actuar en nosotros como un remedio fuerte aplicado sobre una herida grave; ¡duele, pero cura! “Conoceréis la verdad y la verdad os libertará” (Jo 8,32). No es alienación persistir en la búsqueda de la verdad y dejar que tu vida sea conducida por Cristo y para Él; alienación es vivir de forma contraria a la propia esencia, tu esencia es Dios: Amor y Verdad. ¡Sin la Verdad, no es posible encontrar la verdadera felicidad!

Josefa Alves – Misionera de la Comunidad Shalom

Traducción al español – María José Aguilar

 


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