Formación

San José, el justo que acoge el misterio

Cuarto Domingo de Adviento, Año A

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José Ricardo F. Bezerra

Introducción
En el Cuarto Domingo de Adviento, la Iglesia nos coloca ante el misterio del origen de Jesús según el Evangelio de san Mateo, Mateo 1,18–24. Ya estamos a las puertas de la Navidad y la Palabra nos conduce al corazón de los acontecimientos que culminaron en la Encarnación del Hijo de Dios. Esto sucede en el silencio, en la obediencia y en la fe de personas concretas.

En este Evangelio, la figura central es san José. Él no habla, no pregunta, no discute. Escucha, confía y actúa. A su alrededor giran María, el Espíritu Santo, Jesús y la antigua promesa que se cumple. Este texto es una ayuda para rezar y prepararnos a acoger al Señor cuando no todo está claro, pero todo exige fidelidad.

A continuación, proponemos siete puntos, que comentamos en el pódcast del canal @Felizes os que ouvem (https://www.youtube.com/watch?v=MCLtE58mKXU), para tu oración personal, lectio, con este Evangelio.

  1. El origen de Jesús
    El texto comienza afirmando, “El origen de Jesucristo fue así” (Mt 1,18). Mateo quiere introducir al lector en el misterio de la Encarnación a partir de personas concretas. Jesús tiene una concepción divina que supera el entendimiento humano y por eso está envuelta en misterio. Nacerá por iniciativa de Dios, por el poder del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, el evangelista muestra que este origen está inserto en una genealogía, en un pueblo, en una familia humana. Contemplar los orígenes de Cristo nos lleva también a recordar nuestro propio origen. Incluso antes de nacer, ya fuimos amados y pensados por Dios, para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesús (cf. Ef 1,3–6). El Adviento es un tiempo favorable para retomar esta conciencia.
  2. María, la madre
    María aparece de manera discreta en el relato de Mateo, pero ocupa un lugar especial, único y decisivo. Está desposada con José y concibe por obra del Espíritu Santo. La maternidad de María nace de una entrega total a la voluntad de Dios, ya vivida anteriormente en su “sí”. Aunque no pronuncia ninguna palabra en este Evangelio, María es modelo de fe silenciosa, de confianza absoluta y de apertura a los designios de Dios. Su presencia recuerda que el Señor realiza grandes cosas en quienes se abren a su acción, incluso cuando hay riesgos e incomprensiones.
  3. José, el justo
    José es presentado como “justo” (tzaddik). En la Biblia, justicia y santidad son equivalentes. El justo es aquel que vive en conformidad con la voluntad de Dios. Ante una situación que no comprende, José no reacciona con dureza ni con juicio. Busca actuar con rectitud y misericordia.

El drama interior de José revela una fe madura, capaz de cargar con el peso de la decisión sin exponer al otro. Su justicia se manifiesta en el cuidado de María y en la disposición a asumir para sí las consecuencias. Es en este contexto cuando Dios interviene y lo invita a dar un paso mayor, acoger el misterio.

  1. La acción del Espíritu Santo
    Dos veces el Evangelio afirma que la concepción de Jesús ocurrió por la “acción del Espíritu Santo” (Mt 1,18.20). Lo que supera la comprensión humana tiene su origen en Dios. El Espíritu Santo actúa de manera discreta, pero decisiva. Él es el protagonista silencioso de la Encarnación. También hoy, el Espíritu continúa actuando en la vida de la Iglesia y en la historia de cada fiel. Rezar con este punto es pedir la gracia de reconocer la acción del Espíritu de Dios incluso cuando no se impone con evidencias.
  2. El nombre de Jesús
    El ángel confía a José una misión concreta, darle nombre al niño, “Tú le pondrás por nombre Jesús” (Mt 1,21b). Al aceptar este encargo, José asume legalmente la paternidad de Jesús, lo inserta en la historia del pueblo de Israel y lo hace hijo de David, hijo de Abraham (cf. Mt 1,1). El nombre Jesús, Yeshua, significa “Dios salva”. La misión del Hijo es clara, “Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). Esta salvación no se presenta como un proyecto político ni como un triunfo humano, sino como liberación interior, reconciliación y vida nueva. En el umbral de la Navidad, somos invitados a acoger a Jesús tal como viene, Salvador.
  3. La promesa cumplida
    Mateo se preocupa por mostrar que todo sucede para cumplir lo que el Señor había anunciado por medio del profeta, “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo…” (Mt 1,23; cf. Is 7,14). El Adviento es el tiempo en que la Iglesia contempla la fidelidad de Dios a sus promesas. Aquello que fue escrito siglos antes se realiza de un modo inesperado, pero verdadero. La Palabra de Dios no falla. Meditar este punto fortalece la confianza y renueva la esperanza, incluso cuando el tiempo de la espera parece largo.
  4. La obediencia de José
    El Evangelio termina con un gesto sencillo y decisivo. Al despertar, José hace conforme a lo que el ángel le había ordenado. Acoge a María y asume su misión (cf. Mt 1,24). La obediencia de José no nace de una comprensión plena del misterio, sino de la confianza en Dios. Camina en la fe, sostenido por la Palabra recibida. En este gesto final, José nos enseña que la verdadera respuesta a la llamada de Dios se da en la práctica, en la vida cotidiana, en las decisiones concretas.

Conclusión práctica
A las puertas de la celebración de la Navidad, el Evangelio nos invita a aprender de san José. Ante el misterio, él no se cierra ni se aleja. Acoge, confía y sigue adelante.

Que este tramo final del tiempo de Adviento nos encuentre vigilantes, disponibles y abiertos a la acción de Dios. Incluso cuando no lo entendemos todo, podemos elegir obedecer. Así, el Señor encuentra espacio para nacer también en nuestro corazón.

Pasos de la Lectio Divina

  1. Lectura, lectio
    Lee Mateo 1,18–24 con atención. Observa los personajes, las acciones y los verbos que estructuran el texto.
  2. Meditación, meditatio
    Pregúntate, ¿dónde estoy llamado a confiar más en Dios? ¿Qué miedos necesito entregar? ¿Qué significa acoger a Jesús hoy?
  3. Oración, oratio
    Habla con el Señor a partir de lo que tocó tu corazón. Pide la gracia de la fe obediente y del silencio interior.
  4. Contemplación, contemplatio
    Permanece en silencio ante Dios. Deja que la Palabra genere paz y confianza.
  5. Acción, actio
    Asume un gesto concreto de obediencia o de servicio en estos días, preparando el corazón para la Navidad.

¡Shalom!
¡Hasta la próxima semana!

https://www.youtube.com/watch?v=MCLtE58mKXU

 

 

 


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