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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: El hombre en la busca del amor.

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En este viernes, 3 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. ¿En qué consiste esta solemnidad? ¿Será que debemos tomar solamente el mirar devocional en este día? O sea, para aquellos que no tienen una devoción popular al Sagrado Corazón de Jesús ¿no deben zambullirse en las riquezas y gracias de este día? ¿Cuál es el real sentido que debe comprender el fiel católico delante del Sagrado Corazón de Jesús? Antes que reflexionemos de forma más profunda, pasemos en primer lugar a presentar una noción histórica de la devoción popular del Sagrado Corazón de Jesús:

 

1 – ORIGEN HISTÓRICO:

“ El culto litúrgico al Sagrado Corazón de Jesús el viernes, siguiente al Corpus Christi tubo inicio en el siglo XVII con san Juan Eudes  († 1680) y santa Margarida Alacoque († 1690), sin embargo la devoción se remonta a los siglos XIII y XIV, recibiendo la primera aprobación pontificia un siglo mas tarde. En 1856, el papa Pio IX extendió la fiesta a toda la Iglesia y en 1928 Pio XI le dio la máxima categoría litúrgica. La reforma post-conciliar

Renovó profundamente sus textos con base en el formulario de la misa compuesta por orden de Pio XI” (JULIÁN LOPESMARTÍN).

De entre los principales exponentes de esta devoción popular, podemos destacar los siguientes:

Santa Margarita Maria Alacoque, la confidente del Corazón de Jesús – Nuestro Señor Jesús Cristo apareció a Margarita Maria Alacoque, joven religiosa de la Orden de la Visitación, para transmitir su mensaje de misericordia y confianza, expresada en el corazón humano y divino del Verbo Encarnado. El culto al Sagrado Corazón de Jesús obtuvo a partir de entonces gran impulso y se expandió por toda la Iglesia.

San Claudio de La Colombiere, gran apóstol del Sagrado Corazón – la gran importancia de su apostolado consistió en un apoyo inestimable que prestó a la Santa Margarita Maria: una nueva luz – la devoción al Sagrado Corazón – iría llenar los espacios de la Iglesia sobre el soplo de Papas y Santos.

San Domingo Sávio – “ Su oración predilecta – afirma Don Bosco – era la corona al Sagrado Corazón de Jesús para reparar las injurias que recibe de los herejes, infieles y malos cristianos”.

 

 

San Juan Eudes – Con San Juan Eudes (1601 – 1680), podemos decir que la devoción al Sagrado Corazón como que atingió la mayoridad. Con efecto, gracias a su acción, esta devoción dejó de ser exclusivamente privada y se tornó pública y oficial. Con él se instituyó el culto litúrgico al Sagrado Corazón.

Beato José de Anchieta – El primer devoto del Corazón de Jesús en Brasil naciente. La primera iglesia en el mundo consagrada al Sagrado Corazón, fue por Anchieta, en 1585, en la ciudad de Espíritu Santo. Anchieta era gran devoto del Corazón de Jesús. Él escribió versos sobre el Corazón de Jesús: “la lanza que le abrió el pecho…”. Él estaba ya anticipándose en esta devoción. Él la tenía, pero no la inculcaba públicamente porque no estaba aún aprobada.

2 – EN LA BÚSQUEDA DEL SENTIDO DE  VIDA

“Junto al Corazón de Cristo el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, al comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, al preservarse de ciertas perversiones del corazón humano, al unir el amor filial para con Dios al amor del prójimo… es en el Corazón de Cristo que el hombre recibe la capacidad de amar.” (San Juan Pablo II)

Para bien vivir esa real y profunda experiencia de Dios que es dada al contemplar el Sagrado Corazón de Jesús, es preciso mirar para nuestro corazón, deparar con el vacío de nuestra existencia y superar nuestro nada, al profundizar en el corazón de Jesús: en Él encontraremos la profundidad de la misericordia de Dios y el real sentido de nuestra vida. Así el hombre cuando busca el sentido de la vida busca en realidad el Sagrado Corazón de Cristo. Efectivamente es así: Solo en el corazón de Cristo es que el hombre va encontrar aliento y descanso en medio al vacío existencial que deparamos cuando no nos volvemos para Dios.

He aquí que un soldado con una lanza viene abrir el corazón de Jesús: ¡De ahí hace brotar agua y sangre! Surgen los sacramentos y la Iglesia. Se abre de una forma misteriosa la vía de acceso al amor de Dios: EL CORAZÓN ABIERTO DE JESÚS, EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

3 – CUANDO EL HOMBRE ENCUENTRA EL AMOR

Como entonces inició el culto litúrgico al Sagrado Corazón de Cristo, nosotros arriba lo indicamos brevemente. Pero, a pesar de existir un momento histórico que se inició la devoción popular del Sagrado Corazón de Jesús, para el Papa emérito Benedictus XVI el culto de esta devoción se confundió con la historia del cristianismo. O sea, al comprender que el misterio del amor de Dios sobre nosotros es conocido por medio de la manifestación de este amor de forma más profunda en la Encarnación y también en la Pasión y muerte de Jesús en la Cruz. “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16)

“Por otro lado, este misterio del amor de Dios por nosotros no constituye solo el contenido del culto y de la devoción al Corazón de Jesús: es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Por lo tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el propio cristianismo. De hecho, solo se puede ser cristiano digiriendo nuestro mirar a la Cruz de nuestro Redentor, “Mirarán al que traspasaron” (Juan 19,37,cf. Zacarías 12,10)” (BENEDICTO XVI)

Así, la adoración al Sagrado Corazón de Jesús se da no solamente por el mero cumplimiento devocional, sino como un profundo  adentrar en la vivencia radical del evangelio. Insiriéndose en el corazón abierto de Jesús, insiérase en la vida de Cristo y en la unión de voluntades, y tiene como un fruto una relación entre Dios y el hombre.

“La respuesta al mandamiento del amor solo se hace posible con la experiencia de que este amor ya nos fue dado antes por Dios (encíclica Deus caritas est, 14). El culto del amor que se hace visible en el misterio de la Cruz, representado en toda celebración eucarística, constituye por lo tanto, el fundamento para que podamos convertirnos en instrumentos en las manos de Cristo: solo así podemos ser heraldos creíbles de su amor. En esta abertura a la voluntad de Dios, entretanto, debe renovarse en todo momento: El amor nunca se da por “concluido” y completo (encíclica Deus caritas est, 17). La contemplación del lado traspasado por la lanza, en la cual resplandece la voluntad infinita de salvación por parte de Dios, no puede ser considerada por lo tanto como una forma pasajera de culto o de devoción: la adoración del amor de Dios, que encontró en el símbolo del corazón traspasado su expresión histórico-devocional, continua siendo imprescindible para una relación viva con Dios (encíclica Haurietis aquas, 62)” (BENEDICTO XVI)

Por eso, es preciso experimentar el amor de Dios y no solamente limitarse en conocer, ya que es por medio del hecho de dirigir el mirar al corazón traspasado de Jesús que encontraremos la profundidad del amor de Dios.

“El significado más profundo de este culto al amor de Dios solo se manifiesta cuando se considera más atentamente su contribución no solo al conocimiento, sino también, y aún, a la experiencia personal de este amor en la entrega confiada a su servicio (encíclica Haurietis aquas,62). Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse: uno hace referencia al otro. También es necesario subrayar que un auténtico conocimiento del amor de Dios, solo se hace posible en el contexto de una actitud de oración humilde y de disponibilidad generosa. Partiendo de esta actitud interior, la mirada puesta en el lado traspasado de la lanza se transforma en silenciosa adoración. La mirada en el lado traspasado del Señor, del cual salen «sangre y agua», nos ayuda a reconocer la muchedumbre de dones y gracias que de allí proceden (encíclica «Haurietis aquas», 34-41) y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús” (BENEDICTO XVI).

Dios en su infinita misericordia, con un gesto de donación y entrega total al hombre, permite que uno de los soldados abriese con una lanza el sagrado corazón de Jesús, donde brotó agua y sangre. Allí está el precio de nuestra salvación: fue entonces para nosotros dado la plena riqueza que son los sacramentos y la vida en la gracia, que hizo brotar de la fuente más pura y plena de agua viva “que brota la vida eterna” (Juan 4,14),o sea, el corazón abierto de Jesús.

En fin, podamos en la Solemnidad del Corazón de Jesús renovar la experiencia del Amor de Dios que nos fue derramado al instituir la Iglesia y los Sacramentos por medio del agua y sangre que hace brotar de este corazón abierto, de este amor que se deja encontrar y que nos quiere firmar cada vez más en su voluntad. Adentremos en el lado abierto de Jesús, como Tomás, que al penetrar en la intimidad de Dios, se configuró con su corazón, y a un solo corazón, cumplió con fidelidad el mandamiento del amor: ¡ID POR TODO EL MUNDO Y  ANUNCIEN A TODOS EL EVANGELIO!

Márcio André
Comunidad Católica Shalom

Formación junio/2009


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