Formación

¿Ya has oído hablar sobre la “Patrística”?

“Cuanto más constante sea el trato con la palabra divina, más abundante será la comprensión de la misma; como la tierra, que, cuanto más se cultiva, tanto más fruto produce.”

¿Ya has escuchado hablar sobre lo que es la Patrística? ¡Venga! Te lo explicamos un poco.

Para empezar vamos a conocer la etimología de la palabra, que deriva del latín patres y significa ‘padre’.
Siguiendo nuestra breve explicación la patrística es el estudio del pensamiento, doctrinas y obras del cristianismo desarrollados por los Padres de la Iglesia, que fueron sus primeros autores durante los siglos I y VIII d.C.. Fue el primer intento por unificar los conocimientos de la religión cristiana y establecer el contenido dogmático de la misma junto con la filosofía, a fin de dar una explicación lógica de las creencias cristianas y defenderlas ante los dogmas paganos y las herejías.

Hay dos vertientes de la patrística: la Oriental, dedicada al estudio de la existencia de Dios y sus particularidades, y la Occidental, representada por Padres latinos, desarrollada por San Agustín, quien formuló la primera filosofía cristiana bajo la búsqueda por la verdad y del conocimiento y que también se propuso demostrar la existencia de Dios y su esencia.

Para concluir, teniendo en cuenta que este es el mes de la Bíblia, extrajimos de la Patrística un texto de San Isidoro que trata de cómo leer y estudiar las Escrituras:

 

De los Libros de las Sentencias de San Isidoro, obispo

Lectura bíblica: Pro 1, 20 – 2, 5

 

“La oración nos purifica, la lectura (de la Escritura) nos instruye; ambas cosas son buenas, si podemos practicarlas; si no podemos, hay que preferir la oración a la lectura.

El que quiera estar siempre unido a Dios debe orar y leer (la Escritura) con frecuencia. En efecto, cuando oramos, hablamos nosotros a Dios; cuando leemos, es Dios quien nos habla a nosotros.

De la lectura y la meditación deriva todo provecho. Con la lectura aprendemos aquello que ignoramos, con la meditación lo conservamos.

Una doble utilidad nos proporciona la lectura de la Sagrada Escritura: instruye nuestra mente y, además, nos aparta de las vanidades del mundo y nos conduce al amor de Dios.

Un doble objetivo hay que buscar en la lectura: en primer lugar, cómo hay que entender la Sagrada Escritura; en segundo lugar, cómo hay que predicarla a los demás con provecho y dignidad. Por esto, lo primero ha de ser el interés por entender lo que uno lee, para así estar en condiciones de comunicar lo que ha aprendido.

El lector prudente estará dispuesto a cumplir lo que lee, más que a saberlo, porque es menor la responsabilidad del que ignora a dónde se ha de dirigir, que la del que, sabiéndolo, no lo hace. Así como, al leer, nos esforzamos en saber, así también debemos poner por obra las cosas buenas que hemos aprendido leyendo.

Nadie puede conocer el sentido de la Sagrada Escritura si no se familiariza con ella, tal como está escrito: Conquístala, y te hará noble; abrázala, y te hará rico.

Cuanto más constante sea el trato con la palabra divina, más abundante será la comprensión de la misma; como la tierra, que, cuanto más se cultiva, tanto más fruto produce. Algunos tienen dotes naturales de inteligencia, pero descuidan la lectura sagrada; y así, por no dedicarse, se pierden todo lo que hubieran aprendido si se hubiesen dedicado a la lectura. Otros, en cambio, tienen el deseo de saber, pero se ven obligados a luchar con sus pocas luces naturales; éstos, con todo, por su constancia en la lectura, llegan a saber lo que aquellos otros, por su flojera, no conocen.

Así como el que tiene una inteligencia retardada recibe el premio de su buena intención y de su esfuerzo, así también el que desprecia los dones de inteligencia que Dios le ha otorgado se hace reo de culpa, por no apreciar debidamente el don de Dios y haberlo dejado inactivo por flojera.

La doctrina, sin la ayuda de la gracia, aunque resuene en los oídos, nunca penetra el corazón; hace ruido por fuera, pero en nada aprovecha interiormente. En cambio, cuando la gracia de Dios toca interiormente el alma y le abre la inteligencia, entonces es cuando la palabra de Dios pasa desde los oídos a lo más íntimo del corazón.”

Por Wanessa França

 


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