Testimonio

“Joven en misión, mejor vida no hay”

comshalom

Tengo 19 años y soy postulante de primer año de la Comunidad de Alianza. Vivo en la ciudad de Lima y estudio Ciencias de la Comunicación. Desde antes que naciera, mis padres me consagraron a Dios y a María confiando en el plan que Él tenía para mí. Desde pequeña tenía un gran anhelo por recibir a Jesús Eucaristía en mi corazón, y en mi Primera Comunión tuve mi primera experiencia de amor con Jesús y con la verdadera felicidad; después de ese día quise buscar más a Dios y, de alguna forma, mis padres se convertían en instrumentos de amor para acercarme más a Dios yendo a misa y buscando perseverar en los grupos parroquiales.

Más adelante, iba percibiendo que mi relación con Dios aún no era personal, éramos Dios, mis papás y yo, pero aún no existía esa intimidad, esa confianza con Él. Cuando me di cuenta de esto y como quería crecer en esta amistad con Dios, a los trece años busqué participar de un retiro para jóvenes, sin embargo, no encajaba en el rango de edad y después de eso empecé a pensar que los grupos de oración no eran para mí, hasta que Dios en su Providencia Divina, por medio de una compañera, del colegio me llevó a Shalom. Ella me invitó a un SVES (Seminario de Vida en el Espíritu Santo) abierto, me lo dijo el viernes en la noche y como no tenía planes, acepté. Me envió la información y me di cuenta de que el CEV (Centro de Evangelización) se encontraba en la cuadra de mi casa, así que el sábado en la mañana fui caminando hasta Shalom con una inquietud muy grande en mi corazón, con la certeza de que después de este fin de semana nada sería igual, y así fue.

He sido oveja de grupo de oración en Shalom desde el 2015 hasta inicios 2020, tiempo en el cual he podido entender que yo, siendo joven, era enviada por Dios para llevar el amor al mundo que tanto necesita de este, y que debía hacerlo con mi vida, con mi testimonio, con mi relación con Dios. Se concretizaba cada vez más que Dios me quiere una joven santa y cada vez abría más mi corazón para una entrega mayor de mi vida. Fue en el 2018 cuando Dios me hablaba sobre misión, sobre renuncia de mis planes para abrazar los Suyos; era tan concreto lo que Dios en la oración y Dios por medio de los hermanos hablaba sobre la vivencia del “joven en misión”; en un retiro personal Dios me llamó a dejar mi patria amada y el inicio de mis estudios universitarios para ser “joven en misión”, tiempo determinado donde los jóvenes de los grupos de oración de Shalom (que lo soliciten y la Comunidad lo acepte) son enviados a una misión para vivir como misioneros de la Comunidad de Vida. Recibí la respuesta a mi pedido en abril del 2019, tiempo en el que había ingresado al año vocacional y había comenzado mi primer semestre en la universidad. Fui enviada a la misión de Mossoró por el tiempo de seis meses y, estoy segura que, todo lo que viví en esos seis meses repercutirá hasta el fin de mis días.

En mi tiempo como joven en misión, de julio a diciembre de 2019, me di cuenta de cuán apegada estaba a mis comodidades y a mi familia, entendí el valor de la vida de oración para mi vida, cuánto dependo de la intimidad con Dios y comprendí que para ser Comunidad de Alianza debes amar a la comunidad en todas sus formas de vida (Alianza, Vida y Obra) porque estos se convierten en un solo cuerpo. Fue una oportunidad para lanzarme en los brazos de Dios y en su divina providencia al no conocer a nadie, al no saber hablar portugués y al vivir con una cultura totalmente diferente a la mía, tiempo para aprender a dejarme amar con los detalles de Dios por medio de la vida comunitaria y para darme cuenta cuánto dependo de Él. Entablé relación de amistad con muchos santos en este tiempo como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, que me ayudan a ser un alma esposa y a amar a Dios sobre todas las cosas. Dios me regaló amigos y hermanos, personas que Él puso en mi camino para darme cuenta de que se puede ser santo en las pequeñas cosas, que es posible la Santidad y que es posible ofrecer toda nuestra vida por amor a Dios.

Reconozco que es muy importante para mi vida el haber vivido como “joven en misión”, no solo para desapegarme de todas las cosas y personas que dejé en ese tiempo y para darme cuenta que una persona no parte en misión solamente yendo a otro país a vivir sino que nosotros partimos en misión con tan solo levantarnos de nuestra cama y regalando una sonrisa a nuestra familia, realizando todo en el amor. Si tú tienes este deseo en tu corazón, lánzate en los brazos del Padre porque si realmente es voluntad de Dios, Él usa todos los medios para que esta se concretice. Una frase que escuché desde que llegué a Shalom era “joven en misión, mejor vida no hay”, porque la experiencia del “joven en misión” va a repercutir hasta el fin de nuestros días.

 

Mariana Pérez

Peruana y Postulante de la Comunidad de Alianza.

Reside en Lima-Perú


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