Necesitamos una tormenta para reconocer la divinidad de Jesús

¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! Jesús calma la tempestad y los discípulos quedan “asombrados” (cf. Mt 8,27), o sea, “llenos del temor de Dios”. La expresión griega que el evangelista Mateo utiliza es ethaumasan (ἐθαύμασαν), que es la conjugación del verbo thaumazó (θαυμάζω). Este verbo aparece cuarenta y cuatro veces en el Nuevo Testamento y puede ser traducido como “sorprenderse”, “impresionarse”, “impactarse”. En el contexto bíblico, es usado generalmente para describir la reacción delante de una manifestación divina, por lo que podemos deducir que la “sorpresa” o el “asombro” nace del reconocimiento de las “maravillas de Dios”. De hecho, “maravilla” en griego se dice thauma (θαυμάζω) y es justamente de este vocablo que viene el verbo thaumazó (θαυμάζω). En el ...
Emmir rezando e usando o dom de línguas

Dones del Espíritu Santo: El don de lenguas

Regresó al escenario de la actualidad, después de un gran paréntesis1, el tema de los carismas. De hecho, vemos los trazos del «movimiento del despertar del Espíritu en las más bastas proporciones de toda la historia de la cristiandad», en modo que nuestro hoy «se presenta como tiempo del carisma, recordándonos que en realidad el tiempo de la Iglesia es siempre tiempo del Espíritu»2. Entre los carismas  que vemos florecer hoy, encontramos uno particularmente interesante, denominado «don de  lenguas» o «glossolalia», el que suscitando hoy como la época de la Iglesia naciente, curiosidad e interrogantes.  ¿Cómo es que este carisma se manifestaba al tiempo de las comunidades cristianas primitivas? ¿Qué enseñanzas nos ofrece San Pablo al respecto? Intentemos buscar las ...

“¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado”

Después de los acontecimientos de los días anteriores, desde la Cena Pascual del Jueves Santo con la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, pasando por el proceso que lo llevo a Jesús a la muerte en Cruz el Viernes Santo, hasta el silencio que emana del Sepulcro el Sábado Santo, llegamos a la madrugada del Domingo, en el que algunos discípulos de Cristo empiezan a moverse para completar los rituales de la sepultura del Maestro. Con la salida del sol de un nuevo día, las primeras personas que llegan al lugar se topan con una situación que los desconcierta: el Sepulcro vacío. Entonces, comienza a difundirse un rumor que no terminan de comprender, pero que los pone en movimiento. ...

Aquel Sábado Santo fue un día de silencio…

La Iglesia, como Madre y Maestra, nos enseña la importancia de guardar silencio en algunos momentos de la liturgia y es preciso aprender a vivirlos. Por eso, después de las lecturas o de la homilía se recomienda un silencio meditativo para interiorizar el misterio que acaba de ser proclamado, al modo del rumiar por el cual algunos animales aprovechan todos los nutrientes de los alimentos, en nuestro caso es llevar de la mente al corazón la Palabra para ir profundizando lo que Dios nos transmite; también, al concluir la comunión, es muy conveniente el momento de silencio que ayuda a entrar en diálogo con Aquél que hemos recibido sacramentalmente. Aquel Sábado Santo fue un día de silencio, de meditación, contemplación ...